Friday, May 20, 2005

Hacerse hombres

Mientras observaba en televisión las impactantes noticias que mostraban el manto de nieve que cubría los alrededores del volcán Antuco y la vida de un número no determinado aún de conscriptos del ejército, no pude dejar de recordar una experiencia de la que fui parte cuando niño.
Impulsado, o más bien obligado por mis padres, ingresé a los doce años a la agrupación de boys scouts del colegio donde estudiaba. La intención primera de ellos, según me contaron años más tarde, era alejarme de las “malas juntas” que ya a esa edad eran parte de mi vida infantil. Debo aclarar que tanto mi lugar de residencia y el colegio se encontraban en un pueblo terroso y perdido al interior de la Quinta región. Hecha esta aclaración, los lectores podrán formarse una idea de las condiciones que rodeaban nuestra vida.
Pues bien, corría el invierno del año 80 cuando al guía, jefe o como se nombrara al pelotudo que dirigía nuestro grupo, se le ocurrió la genial idea de llevarnos de campamento a la Cordillera.Como era normal en invierno, la mitad de la montaña se encontraba con nieve y, a pesar de nuestros púberes reclamos, hacia allá nos llevó el “jefazo”, para que “nos hiciéramos hombres”, según nos explico entre gritos y puteadas.
Llegados al lugar y sin la más puta noción de acampar en la nieve, el “estratega” nos hizo armar las carpas sobre el hielo. Pero no fue todo. El “pastel”, en plena noche, tomó a los pailones más grandes, que no pasaban de los 16 años, y los hizo atacar nuestras humildes carpas. En fin, fuimos prisioneros de los gorilas, nos cagamos de frío toda la noche a la intemperie y sobre la nieve y, nuestro precoz orgullo fue destrozado por quién, después supieron nuestros padres, había sido instructor de la Defensa Civil antes de transformarse en profe de religión y guía scout.
No está de más decir que el retorno fue rápido. La fiebre y el fuerte resfriado conseguido por las genialidades de quién tenía la responsabilidad de cuidarnos, en mi caso se transformó en una neumonía que todos los años y frente al frío me recuerda la cara del idiota en quién depositaron nuestro cuidado. Pero volvimos.
En nuestro caso nadie salió a buscarnos, no fue necesario. Pero qué de pelotudos se pasean campantes por nuestro país, a cargo de jóvenes que ven al Servicio Militar como una oportunidad para salir de sus precarias condiciones. Espero que los conscriptos que están hoy “desaparecidos” en la nieve encuentren el camino de regreso, sólos, abandonados por la oficialidad y por los valientes soldados que seguramente están pensando en que, “ya se hicieron hombres”.

Friday, May 13, 2005

Nadie supo

Esta mañana sonó mi teléfono rojo, ese exclusivo aparato que recibe las llamadas desde palacio. Mi señor Fuentes propio, mío y personal. Prende la tele, me pidió. Una vez realizado el acto sublime de encontar un enchufe para el aparato, entre el caos de cables y conexiones varias de mi oficina, apareció en la pantalla la cara de Contreras, sí, el mismo "mamo", quieto, estático, hasta fotogénico y, en una segunda pantalla, la cara de nuestro legendario Pablo, estrella del periodismo judicial.
Con cara de asombro, el colega en cuestión nos contaba, a todos los televidentes, que el "mamo" había hecho llegar un extenso informe con el destino de más de 500 chilenos detenidos desaparecidos.
Colgué el teléfono sin contestar a las inquisiciones de Fuentes y corrí a la red para conocer más antecedentes.
Ahora, entre los segundos ociosos de este imprevisible viernes, espero los comentarios en los medios, las reacciones de los políticos, la "pelada de dientes" de Vidal, la cara de sorpresa de Lavín, la sonrisa tiritona y culpable de Novoa, en fín, espero lo que nosotros ya sabemos. Que nadie supo. Que ellos nunca supieron de esas muertes, de esos torturados, del destino de los desaparecidos. Vuelve a sonar el teléfono rojo. A veces el aparato me impacienta. Es Fuentes que, entre suspiros, me dice que en el listado aparece su pariente, esa mujer recordada en cuanto evento familiar nos encontramos, esa mujer desaparecida con un hijo de seis meses en el vientre. Tal parece que podría encontrarse entre el listado entregado por el letal Contreras.
25 años perdida y nadie supo.
Este es mi primer blog y, aunque esperaba escribir cosas más cotidianas, no puedo escaparme a la realidad.